
NO ES AMOR VERDADERO
El amor por interés tiene un destino nefasto. Siempre. Porque arranca de un error fundamental, confundir el tener con el ser. La gente que prioriza el tener mira al otro como un medio, no como un fin. Busca seguridad, estatus, comodidad, un techo más alto, una cuenta más gruesa, un apellido que abra puertas. El otro se convierte en recurso. Y los recursos se agotan, se devalúan o se reemplazan.
Cuando el interés es el motor, el vínculo se sostiene solo mientras el saldo sea positivo. El día que el dinero se esfuma, o que aparece alguien con más, el “amor” se deshace como un billete mojado. Queda el vacío. Y el vacío duele más cuando uno creyó que abrazaba a una persona y en realidad abrazaba un número.
Milan Kundera lo escribió narró en la novela La insoportable levedad del ser, publicada en 1984. Ahí, entre las vueltas de Tomás y Tereza, aparece la idea de que la vida es liviana porque no se repite, y esa levedad puede resultar insoportable. El amor verdadero, en cambio, tiene peso. No es liviano. No es cómodo. No garantiza nada. Exige presencia, riesgo, la posibilidad real de perder. 🗣️ El que ama por interés busca exactamente lo contrario, eliminar el riesgo. Quiere la certeza del tener. Y en esa búsqueda mata lo único que podría haber valido la pena, el ser del otro y el propio.
La gente que prioriza el tener sobre el ser camina por la vida como quien revisa un inventario. Evalúa. Compara. Calcula. El cuerpo del otro se mide en metros cuadrados de casa, en marcas de auto, en viajes, en joyas. La conversación se vuelve estrategia. El silencio se vuelve sospecha. El deseo se vuelve contrato. Y cuando el contrato se rompe, no hay duelo genuino, hay renegociación fallida.🗣️ El amor verdadero no mide. No pregunta cuánto tenés. Pregunta quién sos cuando no tenés nada. Aguanta la fealdad, la enfermedad, el fracaso, el silencio largo. No necesita billetes para sostenerse. Puede vivir en un monoambiente o en una casa grande. Puede sobrevivir a la pobreza y a la riqueza. Porque su centro no está en lo externo. Está en el reconocimiento mutuo de dos seres que eligen quedarse aunque podrían irse.
🗣️ El amor por interés, en cambio, siempre termina igual. Primero el cálculo. Después el abrazo fingido. Después el rencor. Después la soledad. Porque nadie puede abrazar de verdad a un fajo de billetes. El papel no responde. No tiembla. No se entrega. Solo promete y se retira cuando conviene.
Hay quienes se convencen de que el interés es realismo. Que amar sin medir es de ingenuos. Que el mundo es así. Pero el mundo no es así. El mundo está lleno de gente que eligió el tener y terminó vacía. Y también de gente que eligió el ser y, aunque a veces pasó hambre, nunca pasó por la vida sin haber amado de verdad.
El que ama por interés cree que sostiene algo sólido. En realidad sostiene una ilusión. Y la ilusión, tarde o temprano, se cae. Cuando se cae, solo queda la certeza de que nunca hubo nadie ahí.El amor verdadero no se imprime. No se cuenta. No se acumula. Se es. Y se elige. Todos los días. Sin garantía. Sin cálculo. Con el riesgo entero de perderlo todo… excepto lo único que importa.
"El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se irrita, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca pasa de moda."1 Corintios 13:4-8
Julio César Cháves
