
EL ENGAÑO DEL DIAGNÓSTICO RÁPIDO
Basado en la obra de José Luis Marín. Aclaración antes de arrancar: el caso que voy a contar a continuación es hipotético, lo estoy imaginando para que se entienda la idea. No es un paciente real. Es una mezcla de muchas historias que veo todos los días o he leído. Lo invento para proteger a la gente que confía en mí.
Ahora sí. Imaginate esto: una madre me trae a consulta la carpeta del hijo. 9 años. Tiene de todo: informe de la psicopedagoga que le hizo un test en 40 minutos, informe de la pediatra que le hizo el Conners en 10, y la receta del neurólogo: metilfenidato. Todo en 3 semanas. Récord.
Yo miro al pibe – que en mi cabeza es imaginario, pero que vos seguro conocés uno parecido -. El pibe no duerme. Se hace pis de noche. El padre se fue hace 6 meses. En la escuela le dicen que no se esfuerza. Pero según los papeles, el problema es que tiene DÉFICIT. Que su cerebro no fabrica dopamina. Que es TDAH.
A eso, José Luis Marín lo llama la trampa. Y tiene razón. Marín es un psiquiatra español que se animó a decir lo que muchos piensan bajito, nos vendieron la psiquiatría del déficit.
¿Qué es eso? Es muy simple y muy perverso: Tenés un síntoma = Tenés un déficit químico = Tomá una pastilla.
Estás triste: te falta serotonina.
Estás ansioso: te falta no sé qué.
No te concentrás: te falta dopamina.
Listo. Cerramos el caso. Te medicalizamos y te mandamos a tu casa. ¿Y tu historia? ¿Y lo que te pasó? Eso no importa. Eso no entra en el DSM-5. Marín lo explica clarísimo en sus libros, el DSM-5 es un manual de etiquetas, no de personas. Vos no entrás ahí adentro. Entra tu síntoma. Vos quedás afuera, esperando en la sala.
El engaño del diagnóstico rápido funciona así:
1. Te hacen creer que un test es una persona. La escala de Conners te da 92% de probabilidad de TDAH. ¿Y? La Conners no sabe que tu vieja te caga a gritos todas las noches. El test no pregunta eso.
2. Te hacen creer que ponerle nombre al dolor, es curar el dolor. Le ponemos «Trastorno de ansiedad» y nos quedamos tranquilos. Pero la ansiedad no es un trastorno. Como dice Marín, la ansiedad es el síntoma de un miedo que no nos animamos a nombrar.
3. Te hacen creer que el psicofármaco cura. Marín es brutal con esto, los psicofármacos no curan, cronifican historias. Te apagan el incendio, pero no te preguntan quién prendió el fuego. Y al tiempo, el fuego vuelve, más grande.
Yo no estoy en contra de la medicación. Ojo. Hay casos donde salva vidas. Pero estoy en contra de la medicalización de la vida.
No todo es déficit. A veces es dolor. A veces es trauma. A veces es una escuela que no enseña, un padre que no abraza, una vida que duele.
Como psicopedagogo, ¿qué hago yo? Yo no cuelgo etiquetas. Yo pregunto.
Y antes de decirle a un chico «vos tenés tal cosa», le pregunto cómo duerme, qué sueña, a qué le tiene miedo, qué lo hace reír.
Porque un cerebro no es un perchero para colgarle etiquetas: DÉFICIT, TDAH, DSM-5, TRASTORNO.
Un cerebro es una historia. Y si no escuchás la historia, el diagnóstico es un engaño. El diagnóstico rápido es cómodo. Para el profesional, para la obra social, para la escuela. Es rápido, es barato, es prolijo. Pero para el pibe, es una condena.
Así que si sos docente, psicopedagogo, padre, te dejo esta pregunta de Marín que a mí me abrió la cabeza y me hizo preguntarme: ¿Estás escuchando a la persona o estás buscando una etiqueta para quedarte tranquilo?
Julio César Cháves / escritor / Psicopedagogí
