¿LA CIENCIA DE LA FELICIDAD?

¿LA CIENCIA DE LA FELICIDAD? LO QUE HARVARD DESCUBRIÓ DESPUÉS DE 90 AÑOS

 Arthur Brooks es economista del comportamiento, profesor de Harvard y, según él mismo admite, alguien que empezó a estudiar la felicidad porque su propia mujer le dijo que la necesitaba. Esa honestidad desarmante es justamente lo que hace que valga la pena escucharlo. Brooks no habla desde la teoría abstracta, sino desde la neurociencia, las ciencias sociales y décadas de investigación empírica sobre algo que todos quieren pero pocos entienden: SER FELICES.

Su punto de partida es una paradoja que los filósofos conocen bien. El deseo de felicidad plena que experimentamos en esta vida no puede ser saciado acá, y eso, lejos de ser un fracaso, es una señal. Como decía la filosofía clásica, la sed es evidencia del agua. Queremos felicidad absoluta, lo que sugiere que existe, aunque no en esta existencia imperfecta. 

La felicidad, insiste Brooks, no es un destino, es una dirección. Pero, ¿qué dice la ciencia sobre cómo moverse en esa dirección? El 50% de la tendencia a la felicidad es genética. No es una afirmación agradable, y el propio Brooks reconoce que preferiría que no fuera así. Lo saben gracias a estudios con gemelos idénticos adoptados en familias diferentes, un experimento estadísticamente casi perfecto para separar influencias genéticas de ambientales. El 25% restante depende de las circunstancias, y el otro 25%, de los hábitos. Y es en ese 25% donde vive la acción posible. Porque incluso la genética puede ser modulada, alguien con predisposición al abuso del alcohol puede elegir no beber. Los hábitos no son todo, pero son lo único sobre lo que tenemos control real.

¿Cuáles hábitos? Brooks identifica cuatro pilares: la fe, la familia, las amistades y el trabajo.

🗣️ Sobre la fe, habla como científico, no como predicador. Ha observado que las personas con sentido de trascendencia, ya sea religiosa o filosófica, son consistentemente más felices. La razón es neurológica y psicológica a la vez, tener algo más grande que uno mismo interrumpe el ciclo de obsesión con el yo que alimentan, por ejemplo, las redes sociales. Estas últimas, señala Brooks con certeza, no nos hacen mirar a los demás, nos hacen mirarnos a nosotros mismos en un espejo de likes y seguidores. La trascendencia rompe ese espejo.

🗣️ Sobre la familia, los datos son contundentes, las personas casadas reportan niveles de felicidad significativamente más altos que las no casadas. No lo dice como juicio moral, lo dice como hallazgo empírico. Vivir con tu mejor amigo o amiga, construir una intimidad que tarda décadas en formarse, es uno de los predictores más sólidos de bienestar. La sociedad moderna prometió que la independencia lo era todo, y los datos sugieren que esa promesa no cumplió.
El Estudio de Harvard sobre el Desarrollo Adulto, uno de los más largos de la historia, siguió a cientos de personas durante noventa años, desde los 18 hasta la muerte, incluyendo a sus esposas, hijos y nietos. George Vaillant, quien dirigió esa investigación durante 35 años, la resumió en cuatro palabras cuando ya estaba al final de su vida: happiness is love, full stop. LA FELICIDAD ES EL AMOR, PUNTO. Puedes acumular dinero, fama, poder y placer, y si no tienes amor, no tienes nada que valga.

🗣️ Sobre las amistades, Brooks hace una distinción que pocas personas se permiten hacer. Hay amigos de trato, los que aparecen en un contexto funcional, y amigos reales, los que no necesitan nada de ti y tú no necesitas nada de ellos. Los segundos son raros. Un extrovertido puede tener seis o siete, un introvertido uno o dos, y está bien en ambos casos. Lo que no existe es tener quinientos amigos íntimos, eso es, precisamente, no tener ninguno. La amistad real requiere tiempo en cantidad, no solo en calidad. Y el tiempo es lo único que no se puede comprar.

 Brooks llegó a los 55 años sin amigos reales. Lo dice sin vergüenza. Tenía datos, tuvo sentido común, y reconstruyó lazos que había dejado caer. Hoy tiene cuatro amistades íntimas fuera de su matrimonio. Cambió su vida.

🗣️ El cuarto pilar es el trabajo. No el trabajo como vocación sagrada que hay que encontrar de joven, sino el trabajo como fuente de dos experiencias concretas, ganar el éxito, es decir, que los demás reconozcan el valor que uno aporta, y servir a otros, sentir que alguien te necesita. Cuando el trabajo que uno tiene no ofrece esas dos cosas, la estrategia no es necesariamente cambiar de trabajo. Es expandir el foco, mirar quién está al lado, llevarle un café al colega que está sufriendo, hacer algo pequeño que diga «te vi.»

Lo que Brooks describe no me resulta ajeno. Las cuatro dimensiones que menciona, la trascendencia, el vínculo familiar, la amistad genuina y el trabajo con sentido, son exactamente las variables que aparecen cuando uno acompaña a alguien en un proceso de aprendizaje o de orientación. Nadie aprende bien desde la soledad o el vacío. Nadie se desarrolla de verdad sin amor, sin pertenencia, sin algo que trascienda el propio ombligo.

La ciencia de la felicidad no descubrió nada nuevo. Confirmó, con metodología rigurosa, lo que la experiencia humana viene susurrando desde siempre y lo que la Biblia afirma desde hace siglos en 1 Corintios 13.

Julio César Cháves

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